Es la conversación que casi todo el mundo aplaza, y la única que gana valor cuanto antes se tenga.
¿Está pensando en vender? Empiece por una valoración orientativa, sin coste ni compromiso.
Para dar continuidad a una empresa familiar existen al menos cuatro caminos. Pasarla a la familia y venderla son los dos más conocidos. Los otros dos encajan muy bien en determinadas situaciones y conviene tenerlos sobre la mesa desde el principio, porque a veces son la mejor respuesta.
El trabajo entonces no es buscar comprador, es preparar el traspaso. Definir quién hace qué y con qué autoridad. Separar la propiedad de la dirección, que en las empresas familiares se mezclan sin que nadie lo decida. Poner un calendario con fechas reales, no intenciones. Y dejar escrito qué pasa con los hermanos que no trabajan en la empresa, porque es ahí donde se rompen las familias.
Es la situación más frecuente hoy. Los hijos tienen sus carreras y su vida, y forzar una sucesión que nadie desea no es la solución: suele acabar peor que una venta bien hecha.
Lo importante es no llegar tarde. Una empresa que se pone a la venta cuando el propietario ya no puede seguir vale bastante menos que la misma empresa vendida con dos o tres años de preparación, porque el comprador percibe la urgencia y porque no ha dado tiempo a corregir lo que resta valor.
En una empresa industrial la confianza está puesta en una persona. El banco le dio la póliza a usted. El proveedor le sirve a crédito a usted. El cliente le adjudicó el proyecto a usted. Esa confianza no se transfiere con las participaciones: hay que reconstruirla, y eso lleva tiempo.
Se reconstruye de una sola manera: demostrando que quien releva tiene un plan claro y capacidad para ejecutarlo. Un banco renueva cuando ve un proyecto, no cuando ve solo el apellido. Un cliente industrial sigue adjudicando cuando entiende que el servicio y la capacidad técnica continúan, y mejor aún si ve que van a crecer.
Ahí es donde acompañamos: diseñando el proceso completo. Antes, preparando la empresa y el plan que va a presentarse. Durante, ordenando la transición y las conversaciones con bancos, clientes y proveedores. Y después, acompañando a quien toma el mando hasta que la confianza está donde tiene que estar.
Una conversación de una hora, confidencial y sin compromiso.